Onda beta

En la raíz de todos nuestros pensamientos, emociones y comportamientos está la comunicación entre las neuronas de nuestro cerebro. Las ondas cerebrales se producen por impulsos eléctricos sincronizados de masas de neuronas que se comunican entre sí.
Las ondas cerebrales se detectan mediante sensores colocados en el cuero cabelludo. Se dividen en anchos de banda para describir sus funciones (más abajo), pero es mejor pensar en ellas como un espectro continuo de conciencia: desde lentas, ruidosas y funcionales hasta rápidas, sutiles y complejas.
Es una analogía útil pensar en las ondas cerebrales como si fueran notas musicales: las ondas de baja frecuencia son como un golpe de tambor profundamente penetrante, mientras que las ondas cerebrales de mayor frecuencia son más bien una sutil flauta aguda. Como en una sinfonía, las frecuencias más altas y más bajas se enlazan y cohesionan entre sí a través de los armónicos.
Nuestras ondas cerebrales cambian en función de lo que hacemos y sentimos. Cuando las ondas cerebrales más lentas son dominantes, podemos sentirnos cansados, lentos, perezosos o soñadores. Las frecuencias más altas son dominantes cuando nos sentimos conectados o hiperalerta.

Las mejores ondas cerebrales para la meditación

La meditación y su efecto sobre la actividad cerebral y el sistema nervioso central se convirtieron en el centro de la investigación colaborativa en neurociencia, psicología y neurobiología durante la segunda mitad del siglo XX. La investigación sobre la meditación trató de definir y caracterizar diversas prácticas. El efecto de la meditación en el cerebro puede dividirse en dos categorías: cambios de estado y cambios de rasgo, respectivamente alteraciones en las actividades cerebrales durante el acto de meditar y cambios que son el resultado de la práctica a largo plazo.
La meditación de atención plena, un enfoque de meditación budista que se encuentra en el Zen y el Vipassana, se estudia con frecuencia[1][2] Jon Kabat-Zinn describe la meditación de atención plena como una atención completa e imparcial al momento actual[3].
La electroencefalografía (EEG) se ha utilizado en muchos estudios como método principal para evaluar el cerebro meditador. La electroencefalografía utiliza cables eléctricos colocados en todo el cuero cabelludo para medir la actividad eléctrica colectiva de la corteza cerebral. En concreto, el EEG mide los campos eléctricos de grandes grupos de neuronas. La EEG tiene la ventaja de una excelente resolución temporal y es capaz de medir la actividad agregada de porciones o de toda la corteza cerebral hasta la escala del milisegundo. A diferencia de otros métodos basados en imágenes, el EEG no tiene una buena resolución espacial y se utiliza más adecuadamente para evaluar la actividad espontánea en marcha de la corteza. Esta actividad espontánea se clasifica en cuatro categorías principales basadas en la frecuencia de la actividad, que van desde las ondas delta de baja frecuencia (< 4 Hz) que se encuentran habitualmente durante el sueño hasta las ondas beta (13-30 Hz) asociadas a un cerebro despierto y alerta. Entre estos dos extremos se encuentran las ondas theta (4-8 Hz) y las ondas alfa (8-12 Hz).

Ondas cerebrales de la meditación trascendental

Si te sientes un poco decaído o falto de inspiración, aumentar tus ondas cerebrales alfa puede ayudarte. Investigaciones recientes sugieren que la estimulación de las ondas cerebrales alfa puede ayudarte a ser más creativo e incluso a tratar la depresión. Pero, ¿qué son exactamente las ondas cerebrales? ¿Cómo se pueden estimular? ¿Y para qué más pueden ser útiles?
El cerebro humano está formado por miles de millones de células llamadas neuronas que se comunican entre sí mediante señales eléctricas. Esta comunicación es el origen de todos sus pensamientos, emociones y comportamientos. Y se produce a cierto nivel, tanto si se está despierto como si se descansa o se duerme.
Los impulsos eléctricos producidos por las masas de neuronas que se comunican entre sí forman patrones ondulatorios, de ahí el término “ondas cerebrales”. Las ondas cerebrales alfa fueron las primeras en ser descubiertas en 1924 por el psiquiatra alemán Hans Berger, que inventó la electroencefalografía (donde se colocan electrodos en el cuero cabelludo para registrar la actividad eléctrica del cerebro).
Los científicos creen ahora que hay 5 tipos diferentes de ondas cerebrales humanas, que se mueven a distintas velocidades (medidas en hercios). Estas ondas cerebrales cambian constantemente a lo largo del día en función de lo que uno hace y siente. Por ejemplo, cuando se producen predominantemente ondas cerebrales más lentas, uno se siente tranquilo y relajado. Pero cuando predominan las ondas cerebrales de mayor frecuencia, estás súper alerta.

Tabla de frecuencias de las ondas cerebrales

Las mujeres a menudo sienten que debido al cansancio y al estrés no están tan claras, presentes o creativas como les gustaría. Además, la función cerebral puede verse inhibida por ciertos factores del estilo de vida, como el consumo de drogas y alcohol, la mala alimentación o las crisis durante la infancia, contribuyendo en algunos casos a trastornos como el TDAH, el Alzheimer, la depresión y la ansiedad crónica.
La técnica de la Meditación Trascendental mejora la inteligencia, la creatividad, la memoria, la capacidad de aprendizaje y la estabilidad emocional, así como la eficiencia neurológica, manteniéndonos más alerta, vibrantes y astutos a cualquier edad.
Los neurocientíficos han descubierto que durante la práctica de la MT, el cerebro produce ondas alfa de alta potencia. Este patrón cerebral distinto se corresponde con el estado de vigilia interior relajada: serenidad, expansión y felicidad. Cuando las ondas alfa se sincronizan, la sede del juicio ejecutivo del cerebro se fortalece.
Cuando el cerebro es más coherente y está más integrado, todas las diferentes partes se comunican mejor y trabajan mejor en conjunto. Esta es la base de la mejora del rendimiento mental: mejor memoria, mayor creatividad, mayor comprensión y mayor concentración.